jorge bascoy





Una carta a Jorge:
De Florencia llegué a Buenos Aires hace ocho años para quedarme. Mi casa en el barrio de Palermo Hollywood estaba lista. Una vieja casa chorizo, renovada y ampliada según mis necesidades en los lenguajes de la arquitectura y el diseño moderno.

Caminado, un día por el barrio que aún conocía poco, de repente encontré una gran vitrina donde reconocí algo familiar. Mobiles colorados... Al lado de la vitrina, una gran puerta de hierro cerrada. Nada escrito en ningún lado. Muerto de curiosidad, no resistí y toqué el timbre. Después de un rato la gran puerta se abrió y apareció un hombre de cuarenta y pico, cubierto con una bata toda machada de colores, una cara fuerte, ojos celeste brillantes y sonrientes, de media altura, de cuerpo flaco, y cuando me saludó noté las manos grandes y potentes. Le pregunté si lo que había visto era su trabajo, y si estaba a la venta. Sonriendo me dijo que si y me invitó a entrar a su taller. Subí dos escalones, pasé una puerta chica y entrando en un gran espacio casi me desmayé...

Mobiles colorados por todos lados colgados del techo, medio terminados sobre la mesa, otros en el piso… Una fiesta de formas y colores sobre la cabeza, cerca de mis brazos, a mis pies... Me parecía estar afuera de la realidad... Tratando de tener un comportamiento normal le pregunté cual era el precio de esto y de aquello, cuando me lo dijo me quedé sin aliento, de repente me vino un deseo casi físico de comprarlos todos...

Estos mobiles que había soñado tenerlos en mi casa, cuando los había visto en New York, Madrid y en Paris, en una gran muestra en el Museo de Arte Moderno, un sueño que se hacía realidad. Sentí una gran gratitud por este caballero que me permitía poseer algo que siempre me había encantado y nunca había podido permitirme comprar.

Al fin compré un gran mobile para ponerlo sobre mi piscina. Y así empezó una amistad, una de las más querida que la vida me ha dado. Claro que una vez que el primer mobile de Jorge fue puesto sobre la pileta, ordené con el tiempo más obras, tres para el patio lateral, otros dos para la parte trasera, y con el tiempo más y más y así fuimos conociéndonos más y más. Entre tanto, conocí a su hermosa esposa brasilera Raquel, a sus dos hijos, Brian y Manuel que vi adolescentes y hoy son jóvenes hombres que tomaron de sus padres caras hermosas y con mucho carácter, el científico Brian y el artístico Manuel.

Como Jorge adora el café, de vez en cuando llega a mi casa a tomarse un café italiano y charlamos, charlamos de todo y nos divertimos mucho charlando y bromeado en plena libertad. Si bien Jorge tiene una preparación profesional de todo respeto; como se puede leer en su curriculum vitae, él ama definirse un artista-artífice, como eran los artistas florentinos del renacimiento. Sus "botteghe" eran como el taller de Jorge y ellos tenían la misma mentalidad que Jorge. No se consideraban artistas en el mismo sentido como hoy, si bien eran grandes artistas, no se veían a si mismos creadores de obras “firmadas” y comercializadas a precios exagerados; a veces sin algún sentido como los artistas de hoy, sino parte de un grupo que trabaja día tras día, artífices especializados en lo bello, que debían tratar sobre el precio duramente, casi luchar con sus clientes, los riquísimos mercaderes florentinos, los banqueros, el mismo Lorenzo el Magnífico.

Como ellos Jorge se levanta cada mañana muy temprano, a las seis, y después de haber tomado el primer café del día, camina unos metro por el patio y va a su taller a trabajar. Como todos los verdaderos artistas, le gusta aprender tratando con humildad de entrar en el mundo secreto de los Maestros, interpretando sus trabajos en metal, acero, acrílico, madera; haciéndolos con sus manos para apoderarse de la sabiduría estética de ellos.

Sus pequeños trabajos en metal, todos suyo, son encantadores; pájaros, patos, elefantes, jirafas, pavos reales, son mágicos. Su serpentina luminosa larguísima de metros y metros es espectacular, sus ramas de flores en metal tienen la levedad de los maestros art noveau. Sus formas biomorfas son árboles llenos de ramas y hojas que se funden con el paisaje circunstante, crecen sobre las paredes, se anclan a la tierra.

Sus trabajos están en casas, departamentos, jardines, hoteles, bancos, oficinas, museos, tiendas de ropa para niños. Abstracciones geométricas, símbolos, colores puros, segmentos, gráficas que navegan en el aire. Duchamp le dio el nombre de Mobiles, Arp los llamó Stabiles.

Jorge, artísticamente hablando, se alimenta del arte cinético, el futurismo de un lado y el constructivismo ruso del otro lado. De este tipo de trabajo así habla Jean-Paul Sartre:……“se instituye un genérico destino de movimiento por cada mobile y después se deja; será la hora, el sol, el calor, el aire a decidir las síngolas danzas, así que el objeto se queda siempre a mitad entre el sometimiento de la estatua y la independencia de los eventos naturales.”

Creo que Jorge, sobre su larguísima serpiente luminosa volando, con ramas de flores coloradas entre sus manos irá muy lejos.

Buenos Aires, 4 de agosto 2013
Tu amigo Nilo

dospatitos